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Mi corazón palpita, estoy viva

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Marzo 7, 2016
Alexandra Gómez

Hoy de repente sentí mi corazón palpitando,  muchas veces no he puesto atención  a este palpito, sin embargo, hoy fue diferente por que me di cuenta que estaba allí. Venia el palpito con una sensación de placidez y confianza, me recordó que hoy estoy muy viva y apareció ante mi, una gran emoción, me siento amada, cuidada, protegida, muy bendecida y por ello me siento profundamente agradecida. No es la primera vez que me siento así, también tengo días de sentir lo contrario, pero hoy sentí una gran necesidad de plasmarlo, de escribirlo de compartirlo. Es la primera vez que decido compartir algo que escribo.

Hace aproximadamente 8 años comencé un camino sin saberlo, un dia algo paso que comencé a preguntarme si quería seguir viviendo como venia haciéndolo hasta ese momento, me imagine si me muriera ese día, que me gustaría haber hecho. Vi mi existencia y tuve la claridad que no quería continuar caminando por la vida como venía haciéndolo, tenía encima una nube negra constantemente, podría decirse que era como los que en mi época de los 20’s a los chicos se les conocía como EMOS, estaba muy perdida, confundida y para ser peor siempre he sido muy trascendentalista. Aquel momento (como muchos otros que han venido)  fue muy angustiante, pues sabia que no quería seguir viviendo de esa forma pero tampoco sabía, como si, quería vivirla o como hacer para caminar hacia eso que no era claro.

Esa fue la primera apertura de consciencia que tuve, voltear a mirarme, ver mi reflejo en un espejo e imaginar como seria mi vida según las decisiones que había tomado hasta ese instante.

Siempre he pensado que Dios o como quiera llamarlo cada quien, tiene una forma de hablarnos (aunque algunos deciden escuchar y otros no). Creo que la forma en la que él me habla, a veces, es a través de los libros. Comencé a tener un impulso por leer algunas cosas que llegaban a mi, como mostrándome o abriéndome la mente precisamente para guiarme a las decisiones que tendría que tomar en adelante, si ya no quería vivir como hasta ese momento lo estaba haciendo. Claro si haces preguntas, las respuestas comienzan a llegar de la forma que puedes recibirlas. Luego cuando los libros cumplieron su función,  llegaron lugares, herramientas y personas que me seguirían enseñándo a usar mi brújula y encontrar mis propias respuestas.

En estos 8 años muchas personas se han ido,  dejar que se fueran no fue fácil, en cada dejar ir, era como si una parte de mi se muriera y aveces fue muy difícil ver que, el permitir que se fueran, era parte de mi pedido de cambiar de rumbo por la vida.  Con el partir de estas personas, también fui tomando decisiones que en cada momento me llevaban a saltar al vacio, que angustiante es saltar sin saber que te espera, caminar con incertidumbre es algo muy vertiginoso.

Saltar al vacío, enfrentarme a mi misma, saberme sin nada, soltarlo todo, dejar ir, ir al viaje mas importante de mi vida, regresar a mi, visitar mi oscuridad. Esta es la experiencia mas fuerte, mas difícil y mas gratificante de todas. Muchas veces me he sentido al borde de abandonarlo todo, de no seguir, de no tener energías para caminar mas y a pesar de todas las dudas, las alas aparecen a pesar de mi propia incredulidad.

Hoy este palpito que estoy sintiendo me remonta a recordar todo este camino recorrido, me lleva a verme de nuevo y saberme viva, agradecida por haberme sentido tan perdida, tan confundida, tan sin vida, allí volví a vivir,  a vivir de verdad.

Y aunque se que todo es un ciclo y la espiral de la consiciencia cada vez es mas amplia, donde muchas cosas se repiten, cada vez, saltar al vacío, me da mas confianza y certeza de reconocer que algo mucho mas grande que yo, me transciende, me sostiene y  me guía.

Agradezco todos mis días de gran oscuridad (acabó de pasar por unos cuantos), gracias a estos, puedo reconocer los que traen claridad a uno de tantos como hoy.

Alexandra Gomez Londoño

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¿Presos de la libertad?

Marzo 1, 2016
Sin categoría

Esta mañana al prender la compu me saltó en la pantalla la ventana del chat con un “ hola guapa”. Hacía un buen tiempo que no sabía de él. Fue uno de esos amores que llamamos pasajeros por lo fugaces, pero que resultan en un vínculo que se queda.

Cuando nos conocimos ambos estábamos entregados a la intimidad y a la vez esquivos de los compromisos. Él no quería saber nada de relaciones de pareja. Yo estaba abierta a una relación pero no quería tener una sola expectativa puesta en mí, y ni hablar de proyectos conjuntos! Algo así como “tu con tu vida y yo con la mía y desde ahí, tal vez”. Nos sentíamos tan evolucionados, tan libres; qué maravilla encontrarse en esas ganas de entregarlo y recibirlo todo sin apegos, sin formatos, sin planes a futuro! Y así fue, nos vimos un par de veces, conversamos un montón, nos disfrutamos al máximo y de repente perdimos el contacto.

Hoy, sin más apareció en mi Facebook.  Vi que su foto de perfil era un abrazo cómplice con una mujer; claramente su pareja. Sonreí. Y nuevamente sonreí porque yo ahora también estoy en pareja. Entonces, obvio, hoy resultó ser un delicioso contarnos como fue que apostamos por permanecer. ¡Que delicia de conversación!

La historia va más o menos así: En aquella época estábamos convencidos de que nuestra misión era desprendernos de todo, no crear apegos; creíamos firmemente que era el camino espiritual más profundo y eso incluía, por supuesto, las relaciones. Estábamos en un momento de plenitud. Pero siempre algo hacía ruido, un dolor que se manifestaba tímidamente, una sensación extraña, un llamado de algo que claramente no queríamos ver. Entonces, en un “momento” de revelación, entendimos que estábamos actuando bajo una falsa motivación y que en la sombra, muy negado y abatido, pero con una fuerza paralizadora rotunda, estaba el miedo a ser heridos.

Ese miedo tan común, y tan pero tan disfrazado de un sin fin de emociones, incluida la falsa felicidad. (Porque si en mi amigo y en mí el miedo nos hacía huir, a otros los hace aferrarse a relaciones castrantes. Pero bueno, ese es tema para otro momento). Y descubrimos entonces el poder liberador de permitirse la vulnerabilidad. De mirar el miedo a los ojos, abrazarlo, acogerlo como parte nuestra y de su mano decidirnos a caminar junto a otro ser, tal vez igualmente asustado, pero confiando en el amor que se manifestaba en cada poro.

¿Donde quedó entonces esa necesidad de libertad? ¿Era todo una mentira disfrazada para no abrir el corazón a la posibilidad de amar y doler? Claro que no. Y ese fue el siguiente darse cuenta: la libertad también es un llamado del alma, no solo un juego del miedo. Lo bonito fue darnos cuenta de esto: la libertad que buscamos no es libertad de hacer; de irse, volver, tener amantes aquí y allá, decidir sin consultar a nadie… no, nada de eso. Se trata más bien de conquistar el derecho a la libertad de ser.

¿Que implica eso en una pareja? Implica estar abiertos a reconocer y aceptar todo lo que vaya surgiendo en uno y en el otro, incluso si parece ir en contravía de lo que se supone que debe pasar en una pareja. Soltar por ejemplo la posesión sobre el otro y la exigencia sobre uno mismo. Implica por sobre todo estar atentos y conscientes de nuestros movimientos internos, sin negarlos y sin esconderlos, y estar abiertos a los movimientos del otro. ¿Y qué si siento deseo por otra persona?  ¿Y qué si necesito tomar distancia un tiempo corto o largo? ¿Y qué si mi pareja necesita explorar… que se yo… lo que sea? Si nos damos la libertad de ser, entonces nos abrimos a la experiencia de dejar que se exprese ese manantial interior. Ese que a veces brota como agua pura,  a veces como lava, y a veces, muchas, como un no se qué mal oliente.   Ahora, ¿qué hacer con todo eso? Ese es el reto de transitarlo en pareja… algunos soltarán por completo para darle vía libre la satisfacción de las necesidades, otros buscarán formas de explorar juntos… hay tantas posibilidades!

Y aquí y ahora, él con esa ella y yo con este él, esa parece ser la apuesta. Salirnos de los formatos y de los mandatos (los heredados, los contagiados, los autoimpuestos). Aceptarnos completos y recibir al otro completo. Dejarnos llevar y sostener por la honda expansiva del amor que permanece, incluso si nos lleva a las cuevas más oscuras.  Permitir la expresión auténtica de lo que un “nosotros” significa.

Una apuesta de dos descubriendo libremente su verdadera naturaleza.

http://meatrevoasentir.blogspot.com.co/

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No solo quiero que sean felices

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Febrero 18, 2016
Ana María Constaín

Amadas Hijas,

Muchos papás y mamás decimos “Yo solo quiero que mis hijos sean felices”

Creo que es una profunda verdad. Todos al final lo que queremos es ser felices.

El problema, amadas hijas, es que no sabemos muy bien lo que es la felicidad

Entonces, aunque nuestras intenciones sean las mejores, muchas veces hacemos cosas para que nuestros hijos sean felices, y logramos lo contrario.

Los presionamos, los corregimos, les enseñamos, los guiamos, les decimos que hacer, los castigamos, los premiamos, los halagamos,

Usamos toda clase de artimañas para llevarlos por el camino correcto

Incluso cuando creemos que no lo hacemos.

Convencidos de que los estamos educando en libertad y respeto, muchas veces lo que hacemos es disfrazar y maquillar las mismas estrategias, para que sean buenas personas

Todo esto desde nuestra creencia de lo que es el camino correcto, o lo que es ser una buena persona

Queremos que sean felices

Amadas hijas,

Yo quiero que lo sean

Yo quiero serlo

Y a veces no lo soy

Tal vez lo saben, porque lo han visto

Han presenciado mis días oscuros,

Aquellos en los que mi paciencia está ausente, y estoy irritable y gruñona

Esos momentos en los que estoy en la cama un poco más de lo que parece aceptable

Y me cuesta poner los pies en el mundo para enfrentar el día

Me han visto llorar y gritar,

Sentirme desconsolada por no comprender nada

Porque me duele en la piel el mundo,

Amadas hijas,

Sufro en esos momentos por ser esa persona para ustedes

Porque no corresponde en absoluto con la mamá feliz

Soy psicóloga, lo saben, y el fantasma de la depresión aparece

Me asusta,

La muerte se asoma seductoramente

Y amadas hijas, de eso no se habla

Porque una persona feliz quiere estar viva

Aún así la muerte se asoma,

No como una posibilidad,

Sino como un anhelo

Tampoco como un deseo,

Aparece amadas hijas,

porque bien sé que la muerte es un despertar a algo que conozco,

Pero de eso no sea habla, amadas hijas

Porque da mucho miedo

De alguna forma a veces la muerte es concebida como un fracaso

Un fracaso a ese intento por ser felices

Amadas hijas,

Hoy se los escribo, porque me he cuestionado mucho lo que es la felicidad

En esos días oscuros, de lucha y resistencia

Tratando de ser feliz para ustedes

Repitiendo frases positivas,

Agradeciendo todo lo que hay y tengo

Escondiendo estados aterradores,

Llamando al placer a la fuerza,

Siguiendo bien las instrucciones,

Esta vez fue insostenible

Falso

Y aunque seguí con mi rutina aparentemente,

Sirviendo el desayuno, jugando, trabajando, leyendo cuentos,

Internamente me dejé caer

Me permití por momentos entrar en mi cueva y dejar salir las lágrimas

Ser transparente a ustedes,

Abandonar la madre vital, creativa, presente, disponible, alegre

O al menos la pretensión de serlo

Me permití no ser feliz

Dejar que vinieran todas las olas

Que me inundaran la confusión, la frustración, la impotencia

La rabia, la inconformidad, el juicio, el desespero, la soledad

La tristeza, el dolor, la incomprensión, el agotamiento

La envidia, los celos, el miedo, la escasez

Aceptar este aspecto mío, en el que me siento rara

En donde no entiendo las reglas del juego

Nada tiene sentido

El mundo me parece absurdo

Me lo permití amadas hijas

Fue profundamente liberador

Amadas Hijas,

No solo quiero que sean felices

Porque no se muy bien que es eso

Sospecho que cuando hablamos de felicidad,

queremos conectar con un estado que todos de alguna manera conocemos

Un estado puro y amoroso

Ese, que siento tantas veces cuando estamos juntas

O cuando en mi trabajo surge lo más esencial de las personas

Eso que aparece cuando nos vemos a los ojos,

Cuando papá y yo estamos juntos

O cuando en silencio me siento frente al mar

Ese, que yo llamo Amor, así con mayúsculas,  es lo más parecido a la felicidad que yo he sentido

Con todos estos ires y venires,

Con el pasar de esas olas y tormentas

Me parece comprender

Que todo esas emociones indeseables

Vienen a mostrarme que me estoy alejando de ese lugar

Que lo estoy olvidando

Y me estoy confundiendo

Es una poderosa invitación a hacer un alto en el camino

Volver a mi

Conectar conmigo

y con ese Amor o Esencia o Dios o Luz  o tantas otras palabras que tiene

Desde ahí, Amadas Hijas

No importa mucho lo que haga, o donde este,

Me siento plena

Aunque es difícil encontrar ese lugar en medio de la vida

No hay afán.

Me parece que eso es lo que quiero aprender

Amadas Hijas

No solo quiero que sean felices

Porque esa palabra se queda corta

Y está llena de significados y cargas que me parece no son muy acertados

Quiero acompañarlas en su camino

Amarlas profundamente

Aprender junto a ustedes

Mostrarles lo que sé por si les sirve

Ser lo que soy y favorecerles ser lo que son

En lo más profundo

Permitir que vengan las olas, tormentas, soles y lunas, terremotos y huracanes, brisas y lloviznas

El día y la noche

Amadas Hijas

Sean

 

Aquí estoy para ustedes

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Crees

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Febrero 18, 2016
Nicolás Velásquez

Crees que los sueños son solo eventos oníricos sin importancia. Crees que a magia es un juego de trucos y engaños. Crees que la energía sólo tiene el poder de encender las luces en tu casa. Crees que las emociones son sólo manifestaciones fisiológicas erráticas y problemáticas. Crees que la vida es un accidente cósmico que se va como llega. Crees que el espíritu es sólo una palabra de ilusos y tontos.

Crees.

Creas.

Creas una vida de grises y negros. Creas el tedio, la desesperanza. Creas distracciones y vicios. Creas sinsentido y dolor. Creas tu camisa de fuerza y tus barrotes. Creas tu eterna mentira.

Pero creas. Eso te hace creador. Eso te hace protagonista de tu historia. Si creaste los barrotes puedes crear las alas. Si creaste tu aburrimiento puedes crear creatividad. Si creaste tu oscuridad, puedes crear la luz.

Si creaste tu encierro, puedes crear el aire con el que respiras Libertad.

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Recordar lo que somos

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Diciembre 22, 2015
Ana María Constaín

…. Eloísa y Matilde, esto es para ustedes, también…

 

Queridos niños y niñas,

Por alguna razón son parte de mi camino,

Aunque a veces, muchas veces  me resista,

En parte porque me siento profundamente impotente al verlos vulnerables, expuestos a un mundo que a veces parece desmoronarse.

Al cuidado de humanos que no tenemos ni la menor idea de lo que hacemos, personas de amor frágil y alma olvidada. Incapaces tantas veces de ser terreno fértil para ustedes.

Llegan a mi,

de la mano de padres o madres desesperanzados, muchos obligados; o referidos por maestros desesperados y confundidos;  recomendados por médicos y otros expertos;
porque las cosas no andan bien,  supuestamente,
y yo tengo las respuestas, dicen mis títulos.

También por eso amados niños y niñas, he querido renunciar a ustedes. Porque yo no tengo respuestas, y ¡tantas veces me siento tan confundida!. Me siento terriblemente cargada con la idea de tener que ser la solución.

Ustedes aparecen con sus agresiones y furias,  lágrimas y fracasos
Su autenticidad descarada, su honestidad prohibida.

Se asoman pisoteando expectativas, rompiendo reglas

Callando o quizá hablando de más. Van muy rápido, o muy lento.

No atienden lo suficiente, se mueven más de la cuenta

Son torbellinos en supuestas calmas. Estatuas en campos de batalla

Escapan al drama. O prenden fuego en escenas congeladas.

Por tanto tiempo me he sentido agotada ante la idea de tener que arreglarlos y entender qué es lo que les pasa  para poder encontrar aquella anhelada solución.

La cura a tantos déficits, síndromes y trastornos.

Leo, estudio, pregunto, investigo. El mundo me parece a veces tan insoportable. Tan ilógico. Sin sentido.

Entro en una lucha contra el sufrimiento. Una batalla contra el absurdo de la vida que tantas personas atraviesan día a día. Se me parte el corazón, incontables veces, con las historias que tocan mi puerta.

Niños inocentes y frágiles en manos de seres humanos con tan poca consciencia, o con tanto dolor o tantas heridas. Sentimientos enterrados que vulcanizan en seres tan pequeños que aún tienen tanta ilusión de vivir.

Queridos niños y niñas, tantas veces he querido huir de ese destino. Cerrarles mis puertas porque me parece que con mis hijas ya tengo y me basta. No tengo energía suficiente para sostenerlos. Amenazan mi ego constantemente. Me llevan al filo del precipicio huyendo del miedo, el fracaso y la equivocación. Me lanzan piedras en mi peldaño del reconocimiento.

Al parecer no es decisión mía. A pesar de mi, seguimos encontrándonos. Ustedes insisten.

He aprendido poco apoco a abandonar esa lucha y estar presente. He recordado que no tengo que sanarlos, ni salvarlos, ni arreglarlos, ni cambiarlos.  Me parece estar comprendiendo que no son víctimas de un mundo horrible en decadencia. Ni han tenido tan mala suerte de nacer en el lugar equivocado sin haberlo pedido.

Ustedes niños y niñas, son lo que son. Son seres divinos, humanos, con tanto que enseñar y aportar. Como todos nosotros los adultos, solo que ustedes aún no lo han olvidado del todo.

Quieren recordarnos que cada uno tiene algo inmenso que dar al mundo. Nos quieren mostrar el Amor que somos y que hemos tapado con tantas cosas, quieren recordarnos el camino a nuestra esencia.

Todo eso que los adultos minimizamos y creemos que no es importante.

Estamos perdidos.

Así que ustedes niños no vienen a mi para que yo encuentre soluciones, o arregle problemas. Vienen a mi para que los vea y escuche. Los sienta. Los acepte y ame.

Para que sea un puente con sus papas, mamás y otros adultos y les traduzca eso que ustedes no dicen con conversaciones.

Ustedes vienen a hablar en el lenguaje del juego, del arte, el baile y la música. El lenguaje del amor. Pero nosotros adultos no hablamos ese idioma. Entonces no entendemos nada.

Me parece que por alguna razón sé ese idioma. Lo estoy recordando. Puedo a veces, cuando callo mi mente adulta y de psicóloga,  entender su mensaje y transmitirlo. Puedo oír a mi propia niña interior y atenderla.

No es que sean nuestro futuro, ni sabios maestros enviados para salvarnos.

Son lo que somos nosotros, en un estado aún más puro. Con una fuerza que muchos hemos perdido, con una consciencia en potencia que ahora estamos dispuestos a recibir y un amor aún limpio y grande.

Necesitan de nosotros tanto como nosotros necesitamos de ustedes.

Quizá en algunos casos sepamos más que ustedes y podamos enseñarles del mundo. Guiarlos y protegerlos.

Quizá.

Ustedes necesitan de nuestro amor, presencia y aceptación.

Pero paradójicamente son ustedes quienes nos abren también la posibilidad de amar, estar presentes y aceptar.

Son quienes nos permiten ver el mundo con otros ojos. Desaprender lo que no es vigente y aprender nuevas cosas.

Sus conductas indeseables, los estados que nos impacientan e irritan, sus enfermedades y patologías, sus emociones desbordadas, su desobediencia y terquedad,

Nos incomodan, nos obligan a movernos, a cuestionarnos, a mirar más a fondo.

Si somos valientes y aceptamos la invitación,

nos lleva también a mirarnos adentro, para encontrar en nosotros eso que tanto rechazamos de ustedes.

Desarrollar todas esas potencialidades y sanar todas esas heridas que nos muestran como espejo.

Ver y oír gracias a ustedes, queridos niños y niñas,
todo aquello a lo que nos hemos vuelto ciegos y sordos y  sentir nuevamente eso que remueven a las buenas o a las malas.

Así que amados niños y niñas,

Aquí estoy.

Caminando este sendero con ustedes,

Estando en mi, conectando conmigo, con mi ser,

Para también poder estar y conectar con ustedes, con su ser.

Ser su mensajera, su puente, su traductora, su acompañante, su aprendiz, su sostén, su guía.

Recordar eso que soy, eso que somos.

 

Ser eso que al parecer vine a ser, a pesar de mis resistencias, miedos y dudas.

Gracias.

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Aquí estoy

Diciembre 14, 2015
Nicolás Velásquez

Y aquí estoy.

Estoy como puedo estar. Estoy como me atrevo.

Estoy a los tropezones. Mirando para otro lado. No haciéndome cargo.

Estoy rompiendo promesas y propósitos. Inventándome excusas.

Estoy en confusión y miedo. Adormeciendo mi angustia en Netflix.

Ausentándome del presente. Manipulando en secreto.

Jugando al inteligente. Creyéndome iluminado.

Con sangre en las rodillas, cansado de mi cansancio.

Aquí estoy tomando atajos que me distancian de mi.

Aquí estoy poniendo en el trono de mi mundo interior al ego y su ejército.

Jugando al adolescente. Sobrepensando mi vida. Agrandando a todo el mundo. Diciendo no cuando es sí. Diciendo sí cuando es no.

Apoyado en mil bastones. Desconociendo mis piernas.

Aquí estoy con miedo del amor y sus sombras.

Aquí estoy vulnerable y triste. Jugando a que no se note.

Aquí estoy, en fin, tratando de aceptar que de ésto también se trata este complejo infinito que llamo YO.

Este también soy.

Aquí estoy.

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